Monday, September 13, 2010

 

Placeres Culposos

Estaba en casa de unos amigos y hablábamos de todo un poco hasta que surgió el tema de los programas de tv que llamaban nuestra atención. Al principio debo decir que nos referíamos a programas “de alto nivel” tales como documentales, series dramáticas basadas en hechos históricos, etc., mientras avanzamos en la conversa llegamos al punto de los realities. Debo decir que sin ningún rastro de snobismo que sólo hablábamos de los que “descubren talentos”, fuesen de cocina, canto, baile, ignorando por completo los de “celebridades” que ventilan sus cotidianeidades.



Los programas que buscan cantantes nos aburrían un poco, porque sentíamos que ya no eran novedad y que estábamos más inclinados a los de bailes ya fuesen de profesionales o los que incluían celebridades y cuando comenzamos a hablar de los de cocina o los de creadores nadie se quedó mudo hasta que un valiente dijo: “lo confieso” a mí me gusta el de las modelos , yo la verdad no lo percibía como un mal programa, pero me llamó la atención que él lo considerase “un placer culposo”. Lo verdaderamente delicioso de los placeres culposos es que ponen de manifiesto nuestras incongruencias y nos permiten reírnos de nosotros mismos. Imagino que para alguien con inquietudes intelectuales sea contradictorio divertirse con la banalidad de las aspirantes a Top Model, pero viéndolo en contexto no es contradictorio sino refrescante ver que los grandes dilemas de alguien se basen en hallar su faceta más favorecedora para explotarla comercialmente.


En esta tónica de placeres culposos yo podría decir que muchos conocidos ni por equivocación escuchan salsa, merengue o reggaeton pero en cualquier fiesta ellos son los primeros que saltan a bailar y ni hablar de los tambores, porque quien puede negar que sean ritmos divertidos. Quien en Latinoamérica podrá decir –con honestidad- que nunca vio, se enganchó y disfrutó de una (o más) telenovela. Quien en Venezuela podría negar que está –más o menos- pendiente de quien gana el Miss Venezuela. Yo puedo decir que no veo películas de guerra, detesto el tema y más aún que lo intelectualicen, sin embargo amo con pasión las películas de artes marciales (que viendo la esencia se trata de luchas y batallas al igual que la guerra). Cuento esto porque creo que mientras más nos riamos de nuestras incongruencias más relajados e inteligentes nos mostraremos al mundo y más satisfechos de nosotros mismos nos sentiremos, intentar ser “perfectos” es tan sólo el germen de nuestra propia infelicidad.

Comments:
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Lo mejor de los placeres culposos, aparte de los variados que pueden ser, es que nos permiten ver que aunque seamos intelectuales, nerds, apasionados o radicales, todos tenemos un lado incongruente quizás como tú lo llamaste, pero característico y único del ser humano. Esos detalles nos reconcilian con nuestra esencia, y lo importante es saber aceptar esa parte nuestra como un rasgo más de nuestra imperfección divina. Aunque debo confesar, que no podré aceptar jamás que el regguetton sea un placer culposo. Eso es una plaga. He dicho.
 
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